Conocí a mi dilecto amigo David Sobrevilla Alcázar a inicios de la década de 1960. Había estudiado Derecho y Filosofía en la Pontificia Universidad Católica y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Posteriormente viajó becado a estudiar en la Universidad de Tübingen, Alemania, donde obtuvo el Doctorado en Filosofía. Allá permaneció hasta 1970.
En este país conoció a una serie de filósofos importantes, entre ellos Wolfgang Schadewaldt. De retorno al Perú, ejerció la docencia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de 1982 al 2000, donde llegó a ser profesor emérito. Participó como organizador de conferencias y las ofreció en numerosas actividades académicas en el Perú y en el extranjero. Fue también profesor visitante de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos.
Integró el Comité Consultivo de la “Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía” y de las revistas “Filosofía Práctica e Historia de las Ideas”, en Argentina; “Revista de Filosofía”, en Chile; “Diánoia”, en México y de “Archivos Latinoamericanos de Filosofía y Teoría del Derecho”, en Venezuela. Fue miembro fundador del Instituto del Pensamiento Peruano y Latinoamericano.
Su desarrollo filosófico puede dividirse en tres períodos: El primero, de aprendizaje, abarca de 1955 a 1970. Luego de transición, de 1970 a 1986, en que inicialmente realiza trabajos cercanos a la tradición fenomenológica, para luego ir ganando una orientación más amplia al tener contacto con la realidad del Perú y del pensamiento de Augusto Salazar Bondy y del mío. Por último, viene un período autónomo. A partir de esta última etapa, en 1986, enunciará un programa frente a la tradición filosófica occidental en su libro “Repesando la tradición occidental”, que comprende tres tareas: apropiarse del pensamiento filosófico occidental, es decir, convertir en propio algo que originalmente fue ajeno; someter a critica este pensamiento y, finalmente, replantear los principios y reconstruir el pensamiento filosófico, considerando los más altos estándares del saber y, al mismo tiempo, la peculiaridad de la realidad peruana y latinoamericana a partir de sus necesidades concretas.
Luego escribió “La estética de la Antigüedad” (1981) y “Los estudios kantianos” (2006). Posteriormente extendió la tarea de estudiar la tradición filosófica al pensamiento peruano y latinoamericano en sus libros: “Revisando la tradición nacional. Estudios sobre la filosofía reciente en el Perú” (dos volúmenes, 1988) y “Repensando la tradición de nuestra América” (1999).
La filosofía para Sobrevilla se entendía como “orientación en el mundo”, la que puede darse en el ámbito teórico y práctico. En el ámbito teórico se dedicó con predilección a la estética y a la filosofía del derecho. Para lo primero, tenía estudios sobre estética griega, medieval, moderna y contemporánea. Trató de mostrar en ellos que un rasgo persistente en la estética occidental es su etnocentrismo, que se revela en que las categorías que ha elaborado para pensar lo bello y el arte provienen solo de la reflexión sobre el “corpus artístico occidental”; que la filosofía cuente con una estética auténticamente universal y no con una seudouniversal. Esto lo estimaba indispensable porque el pensamiento estético debe ampliar y reelaborar el cuadro de sus categorías.
Sobrevilla fue un amigo entrañable que me ayudó, con una eficacia y una constancia admirables, en la preparación de mi libro “Esquema de una teoría de la razón”. Sin él jamás habría podido publicarlo. Para editarlo, era necesario que las pruebas fueran exactas. Y constantemente había pequeños errores en ellas. David las corregía con un rigor increíble. Después de muchos ensayos encontró que estaban perfectas. Entonces, por fin, se pudo publicar mi libro.
¿Cómo era David en su trato personal? No era efusivo sino más bien parco. Cuando nos encontrábamos hablábamos de muchas cosas, pues teníamos inclinaciones filosóficas muy semejantes. Cuando en un tema había una percepción distinta, surgían obvias discrepancias, siendo generalmente él quien tenía la razón, pues su conocimiento del tema en discusión era mayor que el mío.
La muerte de David Sobrevilla Alcázar, ocurrida el lunes, es una pérdida irreparable para la filosofía peruana e internacional. Sin duda, pasará a la historia como uno de los grandes filósofos de nuestro país. Su deceso me ha causado profunda consternación, pues siempre le tuve un profundo afecto y una gran admiración intelectual.
Teniendo nuestro país tan escasa memoria histórica, y siendo la filosofía entre nosotros, como bien dijo alguna vez Francisco Miró Quesada, un “olmo que da peras”, es un verdadero deber honrar la memoria de David Sobrevilla y expresarle un reconocimiento público por lo que hizo por la cultura y la filosofía en el Perú. Es una lástima que nos haya dejado tan pronto, y tan súbitamente, porque esperábamos de él todavía una obra conclusiva que nos transmitiese su visión de las cosas con la experiencia del camino recorrido.
David Sobrevilla fue, ante todo, un académico riguroso que mantuvo una notable capacidad de trabajo y una gran autonomía de pensamiento a lo largo de toda su vida. No cedió nunca, como es tan fácil y hasta habitual en el Perú, a las tentaciones del poder político ni a los encargos administrativos o de representación que seducen con frecuencia a los intelectuales. Debió por ello llevar una vida austera y sortear con tenacidad los avatares de la inestabilidad institucional universitaria a fin de preservar un espacio privado para sus investigaciones. Quiso ser, y lo logró, una persona dedicada por entero a la vida académica; fue por eso, con toda justicia y en el sentido indicado, una “pera de nuestro olmo filosófico”.
Se sentía orgulloso, y con razón, de pertenecer a una ya legendaria generación de filósofos sanmarquinos, que dio presencia y prestigio a la filosofía en el Perú en muchas de sus posibles versiones o ramificaciones, una generación compuesta por pensadores como Augusto Salazar Bondy, José Antonio Russo Delgado, Juan Bautista Ferro, Walter Peñaloza o el propio Francisco Miró Quesada. Se presentaba siempre, por eso, como “filósofo de San Marcos”, pese a que tuvo que migrar temporalmente a otras universidades a través de los años.
El parentesco con esa generación era no solo cronológico, sino también ideológico. Precisamente por ello, Sobrevilla se creyó obligado a tomar posición en una disputa que había entretenido por muchos años a aquellos pensadores, contagiados por una preocupación continental contemporánea, en torno a la identidad o la originalidad de la filosofía en América Latina. En polémica imaginaria con Augusto Salazar Bondy, sostuvo así Sobrevilla que la “tarea” de la filosofía en nuestras tierras no podía ser simplemente la de rechazar la tradición europea, sino más bien la de reapropiarse críticamente de ella a fin de hacer posible luego el replanteamiento de sus problemas desde una perspectiva cultural propia. Defendió esta tesis programática con firmeza en muchos de sus escritos, en ocasiones a través de encendidas disputas.
La mayor parte de su obra, sin embargo, estuvo dedicada al estudio de la filosofía alemana, particularmente a la filosofía del arte (campo en el que se había especializado), es decir, a la primera parte de lo que él mismo consideraba la tarea principal de nuestra filosofía: a la “reapropiación” de la tradición europea. También compuso importantes libros sobre la historia de las ideas o sobre la teoría literaria en el Perú. Fue un autor y compilador prolijo y dio muestras de poseer un sorprendente espíritu enciclopédico a través del cual se revelaba con nitidez el inmenso trabajo invertido en la recolección de datos sobre todos los autores de su interés.
Por muchos años, fue además el gran promotor de la actividad filosófica en el Perú. Organizó muchos congresos o coloquios nacionales e internacionales, participó en muchas sociedades y redes internacionales de filosofía, viajó por todo el país dando conferencias y alentando los debates académicos, y logró convocar a muchos intelectuales de prestigio mundial que animaron la escena cultural en nuestro medio, entre ellos a Jürgen Habermas, Ernst Tugendhat, Ernesto Garzón Valdez, Hans Blumenberg o Mario Bunge.
Por su obra y su presencia continua en la vida cultural peruana, así como por su activa y original participación en los debates filosóficos del mundo entero, le debemos sincera y permanente gratitud. Es una pena que su partida prematura no me haya permitido expresárselo de manera más directa y más clara.
We would like to call your attention to an innovative format for highly qualified young researchers with the ambition to break through societal challenges – the Falling Walls Lab on 8 November 2014. With the slogan “Share Your Idea!” the Falling Walls Lab offers hundreds of young scientists, entrepreneurs and innovators from around the world a stage to pitch their research work, initiatives or business models to their peers and a distinguished jury from academia and business – in 3 minutes each.
The three most intriguing presenters will be awarded the title “Falling Walls Young Innovator of the Year 2014”, will receive a cash prize and will get the opportunity to present their idea on the grand stage of the Falling Walls Conference on 9 November 2014. At the Conference, 20 top-class scientists from around the world present their current breakthrough research answering the question “Which are the next walls to fall?” This year, Prof. Suzanne Topalian from the Johns Hopkins School of Medicine, one of the world’s leading experts in immunotherapy, and the bioengineer Prof. Karl Deisseroth (Stanford University) are amongst the attending speakers.
Applications for the Falling Walls Lab Berlin can be made through the website www.falling-walls.com/lab/apply. Application deadline: 21 September 2014. The event will be held in English. All Falling Walls Lab participants receive a ticket for the Falling Walls Conference. Participants do not pay charges, apart from their own travel expenses.
In order to spread the news of the Falling Walls Lab Berlin to the most excellent candidates, we would greatly appreciate if you could forward our call for applications to young researchers and professionals within the networks of your institution. You are welcome to use the attached e-flyer. To get a better impression of last year’s Falling Walls Lab feel free to look at our highlights video https://vimeo.com/79291319.
The Falling Walls Lab is a cooperation project between the Falling Walls Foundation, A.T. Kearney (Founding Partner) and Festo (Global Partner).
Recientemente, el Fondo Editorial de la Municipalidad Provincial de Piura ha publicado un valioso libro de investigación que viene a engrosar las filas de su colección “Sapiens”. Se trata del texto «Miguel Grau, protagonista político», cuyo autor es el doctor Teodoro Hampe Martínez, reconocido investigador y profesor universitario. Este volumen, de 180 páginas, expone al héroe piurano en su faceta menos conocida: la de diputado por la provincia de Paita. Además, se anexa documentación de primera mano y la correspondencia que el mismo Grau mantenía con los políticos de la época.
Sobre el Gran Almirante se ha investigado y escrito mucho, a lo largo de 135 años. Parte de ello ha alcanzado la imprenta, pero la gran mayoría está destinada a permanecer inédita en la forma de trabajos escolares o discursos con ocasión de alguna efeméride histórica. Lamentablemente, la mayor parte de esos trabajos cae en los excesos del patrioterismo y endiosa al héroe, haciendo borrosa su condición humana. Es por ello importante que esta nueva obra se aproxime a Grau de una manera diversa, mostrando los aspectos políticos de su vida, que fueron en realidad bastante intensos.
Jamás se ha puesto en duda la coherencia del Gran Almirante como ser humano y su liderazgo como patriota. No en vano ha sido elegido El Peruano del Milenio. Grau defendió a su patria en los más difíciles momentos del siglo XIX y fue el líder que en plena época de los caudillos militares sentenció: “No reconozco otro caudillo que la Constitución”, anticipándose así a toda una teoría constitucional y de estabilidad jurídica que se desarrollaría décadas después.
Sería de algún modo insensato repetir aquellos aspectos de la vida del héroe de Angamos que todos conocemos desde la edad escolar. No vale la pena reincidir en su caballerosidad ni en su intrepidez táctica o su habilidad estratégica. Lo verdaderamente notable de Grau fue que él no se hizo héroe en un día de inspiración y sacrificio. Él desarrolló una vida heroica, fue honesto, leal, cumplido y sincero, amó fielmente a su esposa y educó a sus numerosos hijos dando el ejemplo. Lo del combate naval de Angamos, con todo su valor histórico, es tan solo un admirable epílogo. Pero esa epopeya y el sacrificio de Grau significarían mucho menos si él no hubiera demostrado una serie de valores supremos a lo largo de su existencia.
Como bien desarrolla la investigación de Hampe Martínez, la vocación y la actuación política del marino piurano no fueron impulsos o manifestaciones de último momento; se remontaban ya al levantamiento a favor del general Manuel Ignacio de Vivanco, en 1856-1858. Más tarde vendría su lucha contra los afanes de reconquista de España, que concluyeron con el combate del Callao, y luego su oposición al nombramiento del norteamericano John Randolph Tucker como comandante de la Marina peruana. Finalmente, el rechazo a la revolución de los hermanos Gutiérrez en 1872 y su adhesión incondicional a don Manuel Pardo y Lavalle, fundador y líder del Partido Civil.
Este nuevo libro aporta al conocimiento público, además, una serie de disposiciones legales, emitidas tanto en el siglo XIX como en el XX, que han coadyuvado al homenaje nacional y a preservar la memoria de quien es considerado el más abnegado defensor de la nación. Su protagonismo político, al igual que el de marino, nos habla de un hombre que supo amar y servir al Perú con demasía.
Fuente: nota de prensa
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